Acostumbrado a ver una vida que se repite, encuentro la mía irreparablemente
casual. Los propósitos de enmienda son vanos, yo no tengo próxima vez, cada
momento es único, distinto, y muchos se pierden en los descuidos. Es cierto que
para las imágenes tampoco hay próxima vez (todas son iguales a la primera)
(La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares, paginas
escaneadas pp. 43)
El narrador se encuentra solo, y sin propósito, como él dice
su vida ha vuelto irreparablemente causal. Está rodeado de gente, o mejor dicho
imágenes de gente, con las cuales él no se puede interactuar. Está cerca
físicamente, sin embargo no es parte de su mundo de ellas. Cuando el narrador vea
como él es semejante a las imágenes, empieza su camino de volverse como ellas.
Las imágenes tienen o parecen tener lo que buscar el
narrador. Viven e interactúan unas con otras. Conversan y pasan tiempo juntas.
Todas son cosas que él narrador no puede hacer, está solo.
El narrador se compara a las imágenes, diciendo
…yo no
tengo próxima vez...para las imágenes tampoco hay próxima vez…
Se está dando cuenta que hay semejanza en cómo viven. Pero
las imágenes tienen y siempre tendrán uno a otros, mientras él está solo. Es
una posición muy difícil, me hace pensar en el cuento Mecánopolis por Miguel de
Unamuno. Igual en ese cuento el narrador se encuentra en un lugar aislado
supuestamente habitado, llega el periódico y cosas pasan, pero él está solo. Los
dos experimentan lo que es vivir con vida fingida, uno con imágenes y el otro
con robots que ni se ven. También hay la semana de estar solo aunque hay algo
que parece ser vida cerca.
La gran diferencia es que en Mecánopolis el narrador sale de
allí, vuelva a su mundo, y jamás quiere vemos a las maquinas. El narrador de La
Invención de Morel llega a anhelar a ser parte del mundo de las imágenes y en
la isla encuentra la manera a hacerlo.
Me hace pensar, sería mejor vivir una vida sola y real o
fingida pero en la compañía de otros aunque sean falsos.
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